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JPMorgan cambia las reglas de la banca privada para captar las nuevas fortunas creadas por la inteligencia artificial

JPMorgan cambia las reglas de la banca privada para captar las nuevas fortunas creadas por la inteligencia artificial

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La inteligencia artificial no está transformando únicamente tecnología, empleo, productividad o mercados bursátiles. Está empezando a cambiar también cómo los grandes bancos gestionan a las nuevas fortunas tecnológicas. JPMorgan está flexibilizando su aproximación a los préstamos garantizados con acciones de compañías tecnológicas recientemente salidas a Bolsa y estudia aplicar estrategias similares ante futuras grandes OPV vinculadas a inteligencia artificial. El objetivo es evidente: captar cuanto antes a fundadores, primeros empleados e inversores cuya riqueza puede ascender a decenas o cientos de millones de dólares sobre el papel, pero que todavía no disponen necesariamente de esa cantidad en efectivo. La revolución de la IA está creando una nueva generación de grandes patrimonios a una velocidad extraordinaria y Wall Street no quiere esperar a que esos empresarios vendan sus acciones para convertirlos en clientes de banca privada.

El nuevo millonario de la IA puede tener 100 millones en acciones y muy poco dinero disponible

Para comprender el cambio hay que entender cómo se crea actualmente buena parte de la riqueza en Silicon Valley. Imaginemos un ingeniero que entra en una startup de inteligencia artificial cuando la compañía está valorada en 2.000 millones de dólares. Parte de su remuneración incluye acciones u opciones. Cinco años después, la empresa alcanza una valoración de 100.000 millones. Ese profesional puede encontrarse repentinamente con una participación valorada en decenas de millones de dólares sin haber recibido nunca esa cantidad en efectivo. Es rico patrimonialmente, pero relativamente ilíquido. Si quiere comprar una vivienda, realizar una inversión, pagar determinados impuestos o diversificar parte de su patrimonio, tiene varias posibilidades. Puede vender acciones cuando las restricciones contractuales y el mercado lo permitan, pero eso implica reducir su participación y puede generar consecuencias fiscales. O puede utilizar esas acciones como garantía para obtener financiación. Aquí es donde la banca privada empieza a competir agresivamente.

JPMorgan está dispuesto a prestar antes

Tradicionalmente, JPMorgan aplicaba un periodo de aproximadamente 135 días después de una salida a Bolsa antes de aceptar determinadas acciones recientemente cotizadas como garantía para conceder financiación. La lógica era prudente: después de una OPV existe elevada volatilidad, pueden existir restricciones de venta y todavía no se conoce suficientemente cómo responderá el mercado a la nueva compañía. Sin embargo, el banco está empezando a analizar estas operaciones con mayor flexibilidad. Durante la reciente salida a Bolsa de SpaceX, JPMorgan permitió a determinados trabajadores e inversores acceder antes a financiación respaldada por sus acciones y ahora podría estudiar una aproximación similar ante próximas grandes OPV tecnológicas, incluida la esperada salida a Bolsa de Anthropic.

La modificación puede parecer pequeña, pero revela un cambio importante en la banca privada. Los bancos están dispuestos a asumir antes determinadas exposiciones porque la oportunidad comercial asociada a las nuevas fortunas tecnológicas es gigantesca. Captar a un fundador o empleado cuando todavía está construyendo su patrimonio puede significar gestionar durante décadas inversiones, crédito, planificación patrimonial, fiscalidad, operaciones corporativas y eventualmente miles de millones en activos familiares.

Anthropic puede convertirse en una enorme fábrica de nuevos clientes para la banca privada

Anthropic representa perfectamente el fenómeno. La compañía se prepara para una de las operaciones bursátiles más esperadas del mercado tecnológico y su crecimiento durante los últimos años ha multiplicado el valor de las participaciones mantenidas por fundadores, empleados e inversores iniciales. Si finalmente se produce una gran OPV, cientos o potencialmente miles de personas relacionadas con la compañía podrían experimentar un evento de liquidez extraordinario.

Para JPMorgan, Goldman Sachs, Morgan Stanley y otros grandes bancos, esas personas no representan únicamente clientes potenciales de banca privada. Existe un ecosistema completo de oportunidades alrededor de ellas. El banco puede proporcionar financiación antes de la OPV, participar en la salida a Bolsa, gestionar posteriormente el patrimonio de los accionistas, financiar adquisiciones inmobiliarias, estructurar inversiones, gestionar activos familiares y acompañar futuras operaciones empresariales. Una única compañía de inteligencia artificial puede generar simultáneamente miles de millones de dólares de negocio para banca de inversión, banca privada, gestión de activos y crédito.

La IA está creando riqueza antes de que las empresas lleguen a Bolsa

Existe además una diferencia fundamental respecto a anteriores ciclos tecnológicos. Muchas de las compañías de inteligencia artificial están permaneciendo privadas durante mucho más tiempo y alcanzando valoraciones gigantescas antes de cotizar. Esto significa que una parte enorme de la creación de riqueza ocurre dentro de los mercados privados. Fundadores, empleados e inversores pueden acumular patrimonios enormes años antes de que exista una salida a Bolsa.

El propio análisis de JPMorgan sobre la evolución de los mercados privados señala esta transformación. Las empresas tecnológicas actuales llegan generalmente a Bolsa mucho más maduras que durante el auge de internet. Mientras en los años noventa una tecnológica podía salir a Bolsa con aproximadamente ocho años de existencia y unas decenas de millones de dólares de ingresos, actualmente el proceso puede retrasarse hasta que la compañía alcanza una escala mucho mayor. Empresas como OpenAI, Anthropic y otras grandes compañías privadas relacionadas con tecnología han alcanzado valoraciones que anteriormente habrían sido propias de grandes multinacionales cotizadas.

Esto modifica completamente la banca privada. Si un banco espera a la salida a Bolsa para establecer relación con el fundador, probablemente llegue demasiado tarde.

La batalla comienza antes de la OPV

Por eso Wall Street está intentando relacionarse con empresarios y empleados tecnológicos mucho antes de que exista liquidez pública. Los préstamos respaldados por acciones privadas o participaciones próximas a cotizar se convierten en una herramienta comercial extraordinariamente poderosa. El banco resuelve una necesidad inmediata del cliente y, al mismo tiempo, establece una relación financiera que puede durar décadas.

JPMorgan reconoce que el ciclo de creación de riqueza se ha acelerado enormemente. Los fundadores son cada vez más jóvenes y el tiempo disponible para captar su relación financiera es menor. En este entorno, esperar diez años para acercarse a ellos cuando la empresa ya cotiza significa permitir que competidores hayan construido antes toda la relación patrimonial.

La competencia está aumentando. En la banca privada de Goldman Sachs en San Francisco, los saldos de préstamos habrían aumentado aproximadamente un 50 % desde 2023, mientras la demanda global de financiación dentro de la banca privada de JPMorgan habría aumentado enormemente durante los últimos meses. Morgan Stanley también está aprovechando las grandes OPV tecnológicas para captar activos de clientes vinculados a estas compañías.

Pedir dinero prestado puede ser más atractivo que vender acciones

Existe una razón financiera por la que estos productos resultan tan atractivos para los nuevos multimillonarios tecnológicos. Supongamos que una persona posee acciones valoradas en 50 millones de dólares y necesita cinco millones de liquidez. Puede vender una parte de su participación, pero eso significa renunciar a una parte del crecimiento futuro de la compañía y puede desencadenar obligaciones fiscales. Alternativamente, puede solicitar un préstamo utilizando sus acciones como garantía y conservar la propiedad de toda su participación.

Mientras el valor de las acciones continúe aumentando y el coste financiero resulte asumible, la segunda alternativa puede resultar atractiva. El cliente obtiene liquidez sin desprenderse inmediatamente de su activo principal.

JPMorgan ya comercializa estructuras de este tipo para determinados accionistas tecnológicos mediante líneas de crédito. En algunos programas, las operaciones pueden comenzar en varios millones de dólares y exigir niveles elevados de cobertura sobre el importe prestado. El banco analiza el patrimonio completo del cliente, la liquidez de las acciones y el riesgo asociado a la compañía.

No estamos, por tanto, ante un préstamo personal convencional. Estamos ante financiación diseñada alrededor de una nueva clase de patrimonio tecnológico.

Pero existe un riesgo enorme: la fortuna puede desaparecer tan rápido como apareció

La banca sabe perfectamente que una participación valorada en 100 millones de dólares no equivale a disponer de 100 millones en efectivo. El valor puede caer rápidamente. Una empresa de inteligencia artificial puede perder una ventaja tecnológica, sufrir una crisis regulatoria, enfrentarse a un competidor mejor financiado o ver cómo el mercado reduce drásticamente su valoración.

Por eso estos préstamos necesitan márgenes de seguridad elevados. Si las acciones utilizadas como garantía caen demasiado, el banco puede exigir garantías adicionales, reducir la línea de crédito o solicitar amortización.

El problema aumenta cuando prácticamente todo el patrimonio del cliente está concentrado en la misma empresa que proporciona la garantía. Un fundador puede tener un patrimonio teórico de 500 millones, pero el 95 % puede depender de una única acción. Desde el punto de vista patrimonial, es una concentración extrema.

La banca privada tendrá que gestionar, por tanto, una paradoja: los clientes pueden ser extraordinariamente ricos y simultáneamente presentar una enorme concentración de riesgo.

La IA está creando una nueva generación de “paper billionaires”

El fenómeno también introduce una nueva categoría de riqueza. Una persona puede convertirse en multimillonaria sobre el papel después de una ronda privada que eleva la valoración de su compañía sin que haya existido una transacción que permita vender fácilmente su participación. Esa valoración puede transformarse posteriormente en riqueza líquida si llega una OPV, una adquisición o una venta secundaria, pero hasta entonces existe fundamentalmente como valor financiero estimado.

La proliferación de rondas de financiación gigantescas en inteligencia artificial está multiplicando este fenómeno. Cada nueva valoración puede crear decenas de nuevos millonarios sobre el papel. Cuando una startup pasa de valer 10.000 a 100.000 millones, no solamente aumenta la riqueza de sus fundadores. También puede multiplicarse el valor de las participaciones de cientos de empleados, antiguos trabajadores e inversores.

Wall Street observa esa riqueza futura como un enorme mercado potencial.

Los bancos pueden ganar cuatro veces con la misma compañía de IA

Aquí aparece una de las dinámicas más interesantes. Una gran compañía de inteligencia artificial puede generar negocio bancario en diferentes etapas de su desarrollo. Primero necesita financiación corporativa mediante deuda, líneas de crédito o colocaciones privadas. Después puede necesitar bancos para organizar una salida a Bolsa. Posteriormente sus fundadores y empleados necesitan servicios de banca privada. Finalmente, cuando esas fortunas se consolidan, aparecen gestión patrimonial, fondos, planificación sucesoria, family offices, filantropía y nuevas inversiones empresariales.

El banco puede acompañar prácticamente todo el ciclo.

JPMorgan participa también en la competición bancaria alrededor de Anthropic, cuya línea de crédito previa a su posible salida a Bolsa podría superar los 10.000 millones de dólares. Diferentes bancos están intentando posicionarse en esa financiación porque participar puede mejorar sus posibilidades de obtener posteriormente mandatos relacionados con la propia OPV.

Esto demuestra cómo banca corporativa y banca privada empiezan a converger alrededor de la economía de la IA.

La próxima batalla de Wall Street puede ser por los empleados de las empresas de IA

Durante décadas, los bancos privados competían fundamentalmente por empresarios que habían vendido sus compañías, grandes familias industriales, ejecutivos de multinacionales y herederos. La inteligencia artificial está creando otro segmento extraordinariamente atractivo: ingenieros, investigadores, directivos y primeros empleados de compañías tecnológicas que pueden acumular fortunas enormes antes de cumplir los cuarenta años.

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Y estos clientes tienen características muy diferentes a las de la riqueza tradicional. Su patrimonio está concentrado en tecnología, conocen profundamente los mercados privados, pueden mantener inversiones extremadamente arriesgadas, suelen tener horizontes temporales largos y frecuentemente continúan trabajando después de convertirse en multimillonarios.

La banca privada tendrá que adaptar productos, asesores y modelos de riesgo a esta nueva generación.

También cambia la relación entre Silicon Valley y Wall Street

Durante años, Silicon Valley y Wall Street representaron culturas empresariales relativamente diferentes. Las startups buscaban venture capital mientras los bancos aparecían principalmente cuando las compañías alcanzaban suficiente tamaño para realizar una OPV o una gran operación corporativa.

La IA está acercando ambos mundos mucho antes.

Las compañías necesitan cantidades enormes de capital para financiar centros de datos, chips y modelos. Los bancos quieren participar en sus líneas de crédito y futuras salidas a Bolsa. Los empleados necesitan liquidez antes de poder vender sus acciones. Los fondos quieren comprar participaciones privadas. Y las fortunas creadas necesitan posteriormente gestión patrimonial.

La consecuencia es que la inteligencia artificial está convirtiéndose también en uno de los mayores negocios financieros de Wall Street.

La banca privada empieza a competir por riqueza que todavía no existe completamente

Este es probablemente el aspecto más fascinante de la estrategia de JPMorgan. El banco no está esperando a que la riqueza se materialice completamente. Está intentando construir relaciones financieras alrededor de un patrimonio cuyo valor depende todavía de acontecimientos futuros: una OPV, una venta secundaria o la evolución de una compañía tecnológica.

En cierto sentido, los bancos están financiando hoy la riqueza que esperan gestionar mañana.

Y eso demuestra hasta dónde ha llegado la economía de la inteligencia artificial. Primero transformó las valoraciones de Nvidia y los fabricantes de chips. Después disparó el valor de OpenAI, Anthropic y otras compañías privadas. Posteriormente provocó inversiones gigantescas en centros de datos, energía y deuda corporativa. Ahora empieza a modificar incluso cómo los bancos prestan dinero a las personas que están acumulando esa riqueza.

Para JPMorgan, un préstamo de hoy puede convertirse en miles de millones gestionados mañana

La decisión tiene una lógica comercial extraordinariamente poderosa. El préstamo puede ser solamente la puerta de entrada. Un ingeniero de una compañía de IA puede necesitar hoy cinco millones para comprar una vivienda utilizando sus acciones como garantía. Después de una OPV, esas acciones pueden valer 100 millones. Diez años más tarde, ese mismo cliente puede haber fundado otras compañías, construido un family office y acumulado un patrimonio de cientos de millones.

El banco que estableció la relación inicial tiene una ventaja enorme para acompañarlo durante todo ese recorrido.

Por eso la flexibilización de JPMorgan no debe interpretarse únicamente como una modificación de política crediticia. Es una estrategia para capturar una parte de la riqueza que la inteligencia artificial está creando antes incluso de que esa riqueza llegue completamente al sistema financiero tradicional.

La IA está cambiando quién crea las mayores fortunas, a qué edad las consigue, dónde se concentra ese patrimonio y cuándo se convierte en liquidez. Y cuando cambia la forma en que se crea riqueza, inevitablemente cambia también la industria construida para administrarla.

Para los directivos, esta evolución demuestra que el impacto de la inteligencia artificial se extiende mucho más allá de Tecnología. Está modificando financiación, mercados de capitales, banca, gestión patrimonial y creación de riqueza. El Curso Superior en Inteligencia Artificial para Directivos (CSIAD) de THE INTELLIGENCE Institute permite comprender la IA desde esta perspectiva transversal y preparar a la alta dirección para anticipar cómo puede transformar su empresa, su sector y las nuevas estructuras económicas que están apareciendo alrededor de ella.


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