El Banco Mundial afirma que la IA puede permitir a las economías emergentes avanzar un siglo en solo una década
La inteligencia artificial puede convertirse en una palanca de desarrollo excepcional para los países de ingresos bajos y medios, pero el resultado dependerá mucho menos de construir el modelo más potente que de resolver problemas concretos con herramientas asequibles. Ese es el marco que está articulando el Banco Mundial en los trabajos del World Development Report 2026, dedicado a descifrar el impacto de la IA sobre el desarrollo. Su tesis central es ambiciosa: la tecnología puede ayudar a superar carencias históricas de conocimiento, productividad y prestación de servicios y permitir que algunas economías recorran en pocos años avances que antes exigían generaciones.
El verdadero salto no exige competir con las grandes tecnológicas
La oportunidad no consiste en que cada país construya un modelo fundacional multimillonario, fabrique los chips más avanzados o levante una red propia de centros de datos. Para la mayoría de las economías emergentes, la vía más realista es adoptar soluciones existentes y adaptarlas a sus idiomas, instituciones y necesidades. La nota conceptual oficial del informe distingue precisamente entre avanzar en la frontera tecnológica, adaptar modelos y adoptar herramientas ya disponibles. Cuanto más se desplaza la estrategia hacia aplicaciones específicas, menor es la barrera de entrada en computación, datos y talento altamente especializado.
El Banco Mundial denomina “small AI” a esta familia de sistemas prácticos, asequibles y preparados para funcionar en dispositivos cotidianos. No se trata de una ambición menor, sino de diseñar la herramienta adecuada para el entorno real. Un profesional sanitario puede recibir apoyo para ordenar información clínica; un profesor puede preparar materiales personalizados; un asesor agrícola puede interpretar una imagen de un cultivo; y una pequeña empresa puede convertir sus transacciones en recomendaciones comerciales. El Digital Progress and Trends Report 2025 documenta que estas soluciones ya están ampliando el acceso a capacidades de IA en agricultura, salud, educación y pequeños negocios sin exigir infraestructuras de frontera.
Una tecnología que amplía capacidades antes de sustituirlas
En las economías avanzadas, una parte relevante del debate se concentra en la automatización del trabajo administrativo y profesional. En los países de renta baja y media, el punto de partida es diferente: escasean médicos, docentes, ingenieros, asesores agrícolas, funcionarios especializados y servicios empresariales. Allí la primera aportación de la IA puede ser ampliar la capacidad de trabajadores que ya existen, reducir tiempos administrativos y acercar conocimiento experto a lugares donde nunca estuvo disponible. El valor económico aparece cuando una enfermera atiende mejor, un maestro prepara más rápido sus clases, un agricultor anticipa un riesgo o una pyme toma decisiones con información que antes no podía procesar.
Esta diferencia no elimina el riesgo laboral. Los centros de atención telefónica, la externalización de procesos, determinados puestos administrativos y las funciones iniciales de programación pueden verse especialmente expuestos. También puede producirse una brecha entre trabajadores que sepan utilizar estas herramientas y quienes queden fuera. La respuesta no debería limitarse a predecir cuántos empleos desaparecerán, sino identificar qué tareas cambiarán, qué nuevas capacidades serán necesarias y cómo repartir las ganancias de productividad. La IA puede elevar el rendimiento de millones de personas, pero solo si la formación y el rediseño del trabajo avanzan al mismo ritmo que la inversión tecnológica.
Conectividad, computación, contexto y competencias
El potencial está condicionado por cuatro bases que el Banco Mundial resume como conectividad, capacidad de computación, contexto y competencias. Millones de personas siguen sin una conexión estable; numerosos territorios sufren cortes eléctricos; la mayor parte de los datos de entrenamiento representa idiomas y realidades de países ricos; y las habilidades digitales básicas continúan siendo escasas. Sin esas condiciones, la IA corre el riesgo de concentrar todavía más la productividad, el capital y la capacidad de decisión en las empresas y economías que ya dominan la infraestructura digital.
El contexto local resulta tan importante como el acceso técnico. Un sistema útil en Europa o Estados Unidos puede fallar al interpretar un dialecto, una práctica agrícola, una norma administrativa o un historial clínico diferente. Por eso la adaptación debe incluir datos locales de calidad, evaluación independiente, supervisión humana y mecanismos para corregir errores. Los modelos pequeños que funcionan en un teléfono o un ordenador convencional pueden reducir costes y dependencia, pero también necesitan controles de privacidad, seguridad y sesgo. La soberanía tecnológica no consiste necesariamente en construirlo todo desde cero, sino en conservar la capacidad de elegir proveedor, trasladar los datos y auditar los resultados.
La prioridad para gobiernos y empresas
Para los gobiernos, el reto es combinar inversión en electricidad, conectividad y educación con una política de adopción que seleccione casos de uso medibles. Para las empresas, especialmente las pequeñas y medianas, la oportunidad pasa por identificar procesos donde una herramienta concreta pueda mejorar ventas, logística, atención al cliente o gestión financiera sin añadir una infraestructura desproporcionada. Los proyectos deben comenzar con una necesidad, una métrica y un responsable, no con una promesa genérica de transformación.
La comparación con un siglo de desarrollo debe entenderse como una expresión del potencial de salto tecnológico, no como una garantía. La IA no sustituye instituciones sólidas, inversión productiva ni capital humano; puede multiplicar su efecto. Si las economías emergentes logran integrar herramientas accesibles en servicios públicos y empresas locales, podrán acortar etapas de modernización. Si la conectividad, las competencias y la gobernanza no avanzan, la misma tecnología ampliará la distancia respecto a quienes ya poseen los datos, el talento y la infraestructura.
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