Estos son los puestos directivos con mayor presión de transformación por la IA
La inteligencia artificial no eliminará a los directivos. Transformará el motivo por el que las empresas los necesitan.
La historia de las revoluciones tecnológicas demuestra que las profesiones no suelen desaparecer de un día para otro. Lo que realmente cambia es el valor económico de las competencias que las sustentan. La mecanización no eliminó a los ingenieros; Internet no hizo desaparecer a los departamentos comerciales; el comercio electrónico no acabó con el retail físico. En todos los casos, la tecnología desplazó determinadas tareas, redujo el coste de otras y elevó el valor de nuevas capacidades que hasta entonces apenas existían. La inteligencia artificial está acelerando ese mismo fenómeno a una velocidad nunca vista. El verdadero riesgo para los altos directivos no consiste en ser sustituidos por una máquina, sino en seguir aportando exactamente el mismo valor que hace cinco años mientras la tecnología reduce drásticamente el coste de realizar buena parte de su trabajo.
Los datos disponibles muestran la magnitud del cambio. El World Economic Forum, en su Future of Jobs Report 2025, estima que el 22 % de los empleos actuales experimentará una transformación antes de 2030, afectando a más de 1.300 millones de trabajadores en todo el mundo. El mismo informe prevé que 170 millones de nuevos puestos de trabajo serán creados, mientras que 92 millones desaparecerán, lo que supone un saldo neto positivo, aunque acompañado de una profunda redistribución de funciones. El informe también concluye que el 39 % de las competencias necesarias para desempeñar un empleo cambiarán antes de finalizar la década, y que 59 de cada 100 trabajadores necesitarán procesos de formación o recualificación para seguir siendo competitivos. A estas cifras se suman las del Fondo Monetario Internacional, que calcula que cerca del 40 % del empleo mundial estará expuesto al impacto de la inteligencia artificial, especialmente en las economías más desarrolladas, donde las tareas basadas en conocimiento representan una mayor parte del PIB.
La transformación ya no es una previsión. Está ocurriendo. El Stanford AI Index 2026 revela que el 88 % de las organizaciones ya utiliza inteligencia artificial en al menos una función empresarial, mientras que aproximadamente el 70 % ha incorporado herramientas de IA generativa en alguno de sus procesos. Sin embargo, esa adopción todavía no se ha traducido en una transformación organizativa profunda. La mayoría de las empresas continúa utilizando la IA como una herramienta de productividad individual en lugar de replantear completamente la manera en que toman decisiones, asignan recursos, coordinan equipos o diseñan procesos. Precisamente ahí aparece el mayor desafío para la alta dirección: dejar de pensar en herramientas para empezar a rediseñar organizaciones.
Otro dato especialmente revelador procede del AI Jobs Barometer 2026 elaborado por PwC. El estudio, basado en más de mil millones de ofertas de empleo analizadas a nivel internacional, concluye que los puestos que requieren competencias relacionadas con inteligencia artificial presentan una prima salarial media del 62 % respecto a posiciones equivalentes que no demandan dichas capacidades. Además, las habilidades vinculadas con IA evolucionan más del doble de rápido que las tradicionales, mientras que las empresas comienzan a valorar cada vez más la capacidad para integrar tecnología dentro de la estrategia empresarial que el simple conocimiento técnico de una herramienta concreta. La consecuencia es evidente: el mercado está dejando de pagar por producir información y empieza a remunerar la capacidad para convertir esa información en mejores decisiones.
El nuevo contrato entre la empresa y sus directivos
Durante décadas, una parte importante del prestigio de un directivo procedía de coordinar personas, recopilar información, elaborar informes, supervisar procedimientos y convertir datos dispersos en decisiones ejecutivas. La inteligencia artificial está reduciendo radicalmente el coste de todas esas actividades. Hoy un sistema inteligente puede resumir cientos de páginas en segundos, analizar miles de registros financieros, generar escenarios estratégicos, preparar informes comerciales, comparar contratos o sintetizar investigaciones de mercado prácticamente en tiempo real. Lo que antes justificaba equipos completos empieza a resolverse mediante agentes inteligentes capaces de trabajar las veinticuatro horas del día.
Esto no significa que los directivos vayan a desaparecer. Significa que dejarán de aportar valor por esas funciones y deberán concentrarse en otras mucho más difíciles de automatizar: formular las preguntas adecuadas, interpretar contextos complejos, gestionar incertidumbre, asignar capital, construir confianza, liderar personas, diseñar organizaciones híbridas entre humanos y agentes inteligentes y asumir la responsabilidad final de las decisiones. La diferencia entre un líder competitivo y otro prescindible ya no dependerá de cuánto sabe, sino de cuánto valor es capaz de generar utilizando la inteligencia artificial como multiplicador de capacidades.
Director General (CEO): el arquitecto de la organización aumentada
Paradójicamente, el CEO será probablemente el puesto menos automatizable y, al mismo tiempo, el que soportará una mayor presión de transformación durante los próximos cinco años. Sus funciones esenciales —definir la estrategia corporativa, asignar capital, construir cultura empresarial, representar a la organización ante inversores y responder ante el Consejo de Administración— seguirán dependiendo del criterio humano. Sin embargo, desaparecerá una enorme cantidad de trabajo que tradicionalmente ocupaba gran parte de su agenda. La preparación de reuniones, la elaboración de informes ejecutivos, el análisis preliminar de mercados, la síntesis de documentación, la investigación competitiva, la construcción de presentaciones o el seguimiento de indicadores pasarán a realizarse automáticamente mediante sistemas inteligentes capaces de integrar información procedente de múltiples fuentes y actualizarla de forma permanente.
El CEO dejará de ser un consumidor constante de información para convertirse en el diseñador del sistema completo de decisiones de la empresa. Su responsabilidad consistirá en definir qué decisiones seguirán siendo exclusivamente humanas, cuáles podrán delegarse parcialmente en agentes inteligentes y cuáles podrán automatizarse completamente manteniendo niveles adecuados de control y supervisión. Según la 29th Global CEO Survey de PwC, el 42 % de los directores generales considera que la velocidad de transformación de su organización constituye actualmente su mayor preocupación, mientras que únicamente el 12 % afirma haber logrado simultáneamente aumentar ingresos y reducir costes gracias a la inteligencia artificial, una cifra que demuestra que la mayoría de las compañías aún no ha conseguido convertir la IA en una ventaja competitiva sostenible. El CEO del futuro dedicará mucho menos tiempo a revisar información y mucho más a construir organizaciones capaces de evolucionar continuamente.
Director Financiero (CFO): del reporting al gobierno económico de la inteligencia artificial
Pocas funciones presentan un potencial de transformación tan elevado como la dirección financiera. Conciliaciones bancarias, cierres contables, consolidación de balances, elaboración de presupuestos, previsiones financieras, análisis de desviaciones, generación de informes regulatorios o seguimiento del flujo de caja son actividades altamente estructuradas que pueden automatizarse de forma muy eficiente mediante inteligencia artificial. Los sistemas actuales ya son capaces de detectar anomalías, identificar riesgos de fraude, generar previsiones dinámicas, analizar escenarios económicos complejos y elaborar informes financieros prácticamente en tiempo real.
Diversos estudios elaborados por Deloitte muestran que el 87 % de los CFO considera que la inteligencia artificial tendrá un impacto muy elevado sobre la función financiera, mientras que más de la mitad prevé incorporar agentes inteligentes como parte habitual de sus procesos durante los próximos ejercicios. Sin embargo, el verdadero cambio no consiste únicamente en automatizar tareas administrativas. El director financiero dejará de ser el responsable de producir información para convertirse en el principal arquitecto económico de la transformación digital. Será quien determine dónde invertir, cómo medir el retorno de los proyectos de inteligencia artificial, qué riesgos financieros asumir, cómo valorar escenarios alternativos y qué indicadores utilizar para demostrar que la IA genera realmente productividad, crecimiento y rentabilidad. En un entorno donde los informes financieros podrán producirse automáticamente, el criterio económico será mucho más valioso que la elaboración del propio informe.Director de Marketing (CMO): la función con mayor presión de transformación
Si existe un puesto directivo donde la inteligencia artificial ya está modificando prácticamente todas las actividades, ese es el del Director de Marketing. Ninguna otra área concentra tantas funciones basadas en información, creatividad, análisis de datos, producción de contenidos y optimización continua como Marketing. Investigación de mercados, segmentación de clientes, personalización de campañas, planificación publicitaria, creación de contenidos, SEO, GEO (Generative Engine Optimization), publicidad digital, automatización comercial, análisis del comportamiento del consumidor o medición del retorno pueden ser hoy asistidos o parcialmente ejecutados por sistemas inteligentes capaces de trabajar de manera continua y con una velocidad muy superior a la humana. Según diferentes estudios de McKinsey, Marketing y Ventas continúan siendo las dos áreas donde la inteligencia artificial generativa está produciendo un mayor retorno económico para las organizaciones, precisamente porque gran parte de sus procesos son altamente digitalizables y generan enormes cantidades de datos susceptibles de análisis automático.
Sin embargo, reducir la transformación del marketing a la generación automática de contenidos sería un grave error estratégico. La verdadera revolución consiste en que el Director de Marketing dejará de gestionar campañas para convertirse en el diseñador de sistemas completos de crecimiento. La IA puede redactar miles de anuncios, producir imágenes, analizar audiencias o recomendar presupuestos, pero todavía necesita un liderazgo capaz de definir el posicionamiento de la marca, interpretar el comportamiento del consumidor, anticipar tendencias, establecer prioridades de inversión y construir ventajas competitivas sostenibles. El valor económico del CMO ya no residirá en producir creatividad, sino en diseñar organizaciones capaces de generar creatividad de forma escalable. Las empresas que continúen utilizando la inteligencia artificial únicamente para abaratar la producción de contenidos obtendrán mejoras limitadas. Las que rediseñen completamente su modelo de captación, fidelización y personalización construirán ventajas competitivas muy difíciles de replicar. El nuevo Director de Marketing será, sobre todo, un arquitecto de sistemas inteligentes capaces de acelerar el crecimiento del negocio.
Director Comercial: vender más con menos estructura
La función comercial también está entrando en una transformación profunda que afecta prácticamente a todo el ciclo de ventas. Durante décadas, una parte muy importante del tiempo de un equipo comercial se destinaba a investigar clientes potenciales, preparar reuniones, actualizar el CRM, redactar propuestas, realizar seguimientos, responder consultas y generar informes para la dirección. Hoy todas esas actividades pueden ser realizadas, total o parcialmente, mediante agentes inteligentes capaces de consultar bases de datos, analizar empresas, identificar oportunidades comerciales, generar documentación personalizada e incluso proponer las siguientes acciones para cada cliente. La inteligencia artificial permite además analizar miles de conversaciones comerciales, detectar patrones de éxito, identificar objeciones recurrentes y recomendar mejoras prácticamente en tiempo real.
Esta automatización administrativa tendrá una consecuencia directa: los departamentos comerciales necesitarán menos tiempo para preparar la venta y dedicarán muchos más recursos a la negociación, la construcción de relaciones y la generación de confianza. El Director Comercial dejará de medir únicamente la actividad del equipo para centrarse en la calidad de las decisiones comerciales. La dirección de ventas evolucionará desde un modelo basado en supervisar vendedores hacia otro orientado a dirigir ecosistemas donde personas y agentes inteligentes trabajen conjuntamente. Los mejores directores comerciales no serán quienes conozcan más técnicas de venta, sino quienes sepan combinar datos, inteligencia artificial y talento humano para aumentar la productividad de toda la organización. La venta consultiva, la negociación compleja, la influencia sobre grandes cuentas y la construcción de relaciones de largo plazo incrementarán todavía más su valor precisamente porque son competencias difíciles de automatizar.
Director de Recursos Humanos (CHRO): del organigrama a la arquitectura del talento
Pocas funciones experimentarán una transformación tan profunda como Recursos Humanos. Tradicionalmente, gran parte de su actividad se ha concentrado en selección, formación, evaluación del desempeño, administración de personal y planificación de carreras profesionales. La inteligencia artificial ya está modificando todas esas áreas mediante sistemas capaces de analizar currículos, redactar ofertas de empleo, identificar competencias, diseñar itinerarios formativos personalizados, responder consultas internas, automatizar procesos administrativos y apoyar la evaluación del desempeño. Según datos publicados por SHRM y LinkedIn Talent Solutions, la utilización de inteligencia artificial dentro de Recursos Humanos continúa creciendo de forma acelerada y numerosos departamentos ya están reduciendo de manera muy importante el tiempo dedicado a tareas administrativas repetitivas gracias a herramientas generativas y sistemas inteligentes de automatización.
Sin embargo, el verdadero desafío del Director de Recursos Humanos no consistirá en implantar herramientas de IA dentro de su propio departamento. Su misión será mucho más ambiciosa: rediseñar el trabajo de toda la organización. El CHRO será quien deba identificar qué tareas desaparecerán, cuáles surgirán, qué perfiles deberán recualificarse, qué capacidades necesitará la empresa dentro de tres o cinco años y cómo gestionar una convivencia cada vez más estrecha entre personas y agentes inteligentes. La planificación del talento dejará de basarse exclusivamente en puestos de trabajo para centrarse en capacidades, competencias y funciones críticas para el negocio. La inteligencia artificial obligará a revisar organigramas completos, redefinir carreras profesionales, modificar sistemas de evaluación e incorporar nuevas competencias a los procesos de selección y promoción interna. El Director de Recursos Humanos dejará de ser el gestor de las personas para convertirse en el arquitecto de la evolución profesional de toda la organización. Su éxito ya no se medirá únicamente por la rotación o el clima laboral, sino por la capacidad de preparar a la empresa para competir en un entorno donde las habilidades necesarias cambian mucho más rápido que cualquier plan tradicional de formación.Director de Operaciones (COO): la revolución de los procesos completos
Si el Director de Marketing liderará la transformación del crecimiento y el Director Financiero la transformación del gobierno económico, el Director de Operaciones será probablemente quien experimente el mayor cambio en la forma de gestionar el trabajo diario de la organización. Durante décadas, las operaciones se han basado en coordinar personas, supervisar procesos, controlar tiempos, asignar recursos, gestionar incidencias y asegurar que cientos o miles de actividades diferentes se ejecutasen de forma sincronizada. Buena parte de estas funciones requerían una enorme cantidad de supervisión humana porque los sistemas tradicionales carecían de capacidad para interpretar contextos cambiantes. La llegada de los agentes inteligentes está modificando radicalmente esta situación. Hoy ya existen sistemas capaces de coordinar pedidos, optimizar rutas logísticas, gestionar inventarios, programar mantenimientos, detectar anomalías en tiempo real, generar órdenes de trabajo, supervisar niveles de calidad e incluso negociar automáticamente determinadas operaciones entre distintos sistemas empresariales. Microsoft, en su Work Trend Index, señala que un número creciente de organizaciones ya utiliza agentes para automatizar procesos completos y que la mayoría de los líderes espera incorporar este tipo de sistemas de forma progresiva durante los próximos meses.
La consecuencia es que el Director de Operaciones dejará de dedicar la mayor parte de su tiempo a supervisar actividades para concentrarse en diseñar procesos capaces de funcionar de forma autónoma. La gestión tradicional basada en reuniones constantes, seguimiento manual y resolución continua de incidencias dará paso a organizaciones donde los agentes inteligentes ejecutarán miles de tareas rutinarias mientras las personas intervendrán únicamente cuando aparezcan excepciones, decisiones complejas o situaciones imprevistas. El COO evolucionará desde una figura centrada en controlar operaciones hacia un arquitecto de sistemas híbridos donde personas, inteligencia artificial, automatización industrial y plataformas digitales funcionen como un único ecosistema. Su ventaja competitiva ya no dependerá de gestionar mejor los procesos existentes, sino de rediseñarlos completamente para aprovechar las nuevas capacidades tecnológicas. Las empresas que simplemente automaticen tareas aisladas obtendrán mejoras marginales; aquellas que reconstruyan de principio a fin sus procesos operativos lograrán reducciones muy importantes en costes, tiempos de ejecución, errores y consumo de recursos, generando ventajas competitivas sostenibles difíciles de igualar.
Director Jurídico y Compliance: la inteligencia artificial convierte el cumplimiento normativo en una función estratégica
El ámbito jurídico constituye otro de los grandes protagonistas de esta transformación. Durante años, una parte muy importante del trabajo desarrollado por los departamentos legales ha consistido en revisar contratos, comparar documentos, buscar jurisprudencia, analizar normativa, elaborar informes jurídicos y preparar borradores de todo tipo. Son actividades intensivas en información y altamente repetitivas que la inteligencia artificial puede acelerar de manera extraordinaria. El Future of Professionals Report elaborado por Thomson Reuters estima que los profesionales del ámbito jurídico podrían liberar alrededor de 240 horas de trabajo al año gracias al uso de inteligencia artificial aplicada a tareas documentales, investigación normativa y análisis contractual. Paralelamente, la evolución de los grandes modelos lingüísticos está permitiendo revisar miles de páginas legales en cuestión de minutos, detectar inconsistencias contractuales, identificar riesgos regulatorios o resumir normativas extremadamente complejas con niveles de precisión cada vez mayores.
Sin embargo, este extraordinario aumento de productividad coincide con un incremento igualmente importante de la responsabilidad jurídica asociada a la utilización de inteligencia artificial dentro de las organizaciones. La entrada en vigor progresiva del AI Act europeo, junto con las crecientes obligaciones relacionadas con protección de datos, propiedad intelectual, transparencia algorítmica, responsabilidad sobre decisiones automatizadas y gestión del riesgo tecnológico, convierte al Director Jurídico y al Chief Compliance Officer en figuras esenciales para cualquier empresa que pretenda implantar inteligencia artificial de forma segura. Su función dejará de limitarse a revisar documentos una vez finalizados los proyectos para participar desde las primeras fases del diseño de cada caso de uso. El nuevo responsable jurídico deberá colaborar estrechamente con tecnología, operaciones, recursos humanos y dirección general para definir políticas internas, inventarios de sistemas, procedimientos de supervisión humana, criterios de clasificación del riesgo, mecanismos de auditoría y protocolos de actuación frente a posibles incidentes. En consecuencia, la inteligencia artificial no reducirá la importancia del área jurídica; muy probablemente la incrementará, desplazando su valor desde la producción documental hacia el gobierno estratégico de la tecnología.
El mayor riesgo no es perder el puesto, sino perder influencia
Existe una idea equivocada que se repite constantemente cuando se analiza el impacto de la inteligencia artificial sobre el empleo directivo: imaginar que un puesto desaparece únicamente cuando deja de existir dentro del organigrama. La realidad empresarial suele ser mucho más gradual. Un cargo puede conservar exactamente el mismo nombre durante años mientras pierde progresivamente presupuesto, capacidad de decisión, tamaño del equipo, influencia dentro de la organización o acceso a proyectos estratégicos. Ese será probablemente el efecto más frecuente de la inteligencia artificial durante esta década. Muchos directivos continuarán ocupando formalmente el mismo puesto, pero dejarán de controlar actividades que ahora serán ejecutadas mediante automatización, agentes inteligentes o nuevas estructuras organizativas mucho más ligeras. El resultado será una transformación silenciosa del liderazgo empresarial, donde el prestigio ya no estará asociado al número de personas supervisadas, sino al impacto económico generado mediante tecnología.
Al mismo tiempo aparecerá una nueva generación de directivos cuyo ámbito de responsabilidad crecerá de forma extraordinaria. Gracias a la inteligencia artificial, una sola persona podrá gestionar procesos que anteriormente requerían equipos completos, coordinar operaciones distribuidas internacionalmente, supervisar miles de indicadores en tiempo real y tomar decisiones apoyadas en análisis que antes necesitaban semanas de trabajo. Esto explica por qué numerosos expertos consideran que la inteligencia artificial no reducirá necesariamente el número de líderes, pero sí aumentará de forma muy considerable la diferencia de productividad entre los mejores y el resto. Las organizaciones tenderán a concentrar cada vez más responsabilidades en aquellos profesionales capaces de integrar tecnología, personas y estrategia dentro de un mismo sistema de creación de valor.
El nuevo liderazgo empresarial ya ha comenzado
La transformación que está provocando la inteligencia artificial no debe interpretarse como una amenaza tecnológica, sino como un cambio profundo en la naturaleza del liderazgo. Durante décadas, los mejores directivos destacaban por coordinar mejor la información disponible. En los próximos años destacarán por diseñar organizaciones capaces de convertir la inteligencia artificial en una ventaja competitiva sostenible. Las empresas ya no buscarán únicamente ejecutivos capaces de tomar buenas decisiones, sino líderes que sepan construir sistemas donde miles de decisiones rutinarias sean ejecutadas automáticamente mientras las personas concentran su talento en aquello que realmente genera diferenciación: la creatividad, el criterio estratégico, la gestión del cambio, la innovación, la negociación y la capacidad de movilizar organizaciones enteras hacia nuevos modelos de negocio.
La pregunta, por tanto, ya no es qué puesto directivo desaparecerá primero. La pregunta correcta es mucho más incómoda: ¿qué parte del trabajo por la que hoy recibe un salario un directivo seguirá teniendo valor dentro de cinco años? Quienes respondan a esa pregunta antes que sus competidores no solo protegerán su empleabilidad, sino que liderarán la próxima generación de empresas aumentadas por inteligencia artificial.
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Para ayudar a los directivos a responder a esta cuestión, THE INTELLIGENCE Institute ha publicado gratuitamente el informe internacional The AI-Ready Executive Index™ 2027, una investigación que analiza el grado de transformación de las principales funciones directivas, identifica las competencias que ganarán valor durante los próximos años e incorpora una metodología propia para evaluar el nivel de preparación de cualquier ejecutivo ante la nueva economía impulsada por la inteligencia artificial.
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