Visa, Mastercard y Ant empiezan a crear el “DNI” de los agentes de IA: así funcionará el dinero cuando las máquinas compren por nosotros
La próxima revolución de la inteligencia artificial puede producirse en un lugar mucho menos visible que los modelos o los robots: el momento en el que una IA pueda gastar nuestro dinero. Visa, Mastercard y Ant International han anunciado hoy una colaboración para desarrollar un marco común denominado Know-Your-Agent (KYA), pensado para identificar, verificar y controlar a los agentes de inteligencia artificial que realizan compras y pagos en representación de personas y empresas. El concepto recuerda deliberadamente al conocido KYC —Know Your Customer— que utilizan bancos y entidades financieras para verificar la identidad de sus clientes, pero introduce una nueva identidad en el sistema económico: la de una máquina que actúa por delegación.
Hasta ahora, cuando compramos por Internet, el sistema de pagos necesita saber quién paga, qué comercio cobra, qué tarjeta o wallet interviene y si la operación parece legítima. Pero el comercio agéntico introduce una nueva pregunta: ¿quién está realmente realizando la compra? Imaginemos que decimos a nuestro agente personal: “Encuéntrame un vuelo Sevilla-Miami en business por menos de 2.500 euros para estas fechas y cómpralo si aparece”. El agente podría investigar compañías, comparar horarios y tarifas durante horas y ejecutar automáticamente la operación cuando encuentre una opción que cumpla nuestras instrucciones. En ese momento, Visa, Mastercard, el banco y el comercio necesitarán saber que quien está intentando pagar no es un bot malicioso, sino un agente autorizado por una persona concreta, cuáles son los límites de esa autorización y si la operación corresponde realmente a la intención del usuario.
Eso es precisamente lo que pretende resolver Know-Your-Agent. No se trata simplemente de asignar un número a cada IA. El proyecto busca crear señales de confianza reconocibles entre redes de tarjetas, wallets digitales, plataformas de agentes y marketplaces, de forma que un agente identificado en un ecosistema pueda ser reconocido de manera consistente en otro sin tener que reconstruir desde cero todo el proceso de verificación. Visa, Mastercard y Ant International mantendrán sus propios mecanismos de decisión y gestión de riesgos, pero quieren avanzar hacia principios interoperables.
Cada agente tendrá que poder vincularse con alguien responsable
El primer principio es la trazabilidad del operador. Cada agente deberá estar relacionado con un operador validado: una persona, titular de tarjeta, empresa u organización. En otras palabras, detrás de la identidad digital de la IA deberá existir una cadena que permita determinar quién la autorizó a actuar. El segundo elemento será la certificación. Los agentes podrán ser evaluados frente a determinados requisitos de seguridad y comportamiento para comprobar que funcionan dentro de los parámetros esperados. Y el tercero será la monitorización continua de las transacciones: la confianza no se concedería necesariamente una sola vez, sino que podría revisarse continuamente utilizando señales relacionadas con identidad, comportamiento y operaciones realizadas.
Esto permite imaginar algo parecido a una identidad financiera dinámica de la inteligencia artificial. Un agente podría estar identificado, asociado a Pablo, autorizado para determinadas categorías de compra y sometido a límites concretos. Podría permitírsele, por ejemplo, reservar automáticamente hoteles de hasta 1.000 euros, comprar billetes de avión hasta 2.500 euros o renovar determinadas suscripciones, mientras una operación de 20.000 euros exigiría una autorización adicional. Si el comportamiento del agente cambiara repentinamente o comenzara a realizar operaciones incompatibles con su patrón habitual, el sistema podría elevar su nivel de riesgo, exigir autenticación o bloquear temporalmente su capacidad para pagar.
Visa, Mastercard y Ant ya habían empezado a construir las piezas
El acuerdo no parte de cero. Visa dispone de su Trusted Agent Protocol; Mastercard ha desarrollado Verifiable Intent dentro de su infraestructura de comercio agéntico; y Ant International cuenta con su Agentic Mobile Protocol. La nueva colaboración busca precisamente que estas arquitecturas puedan avanzar hacia señales y principios comunes, evitando que cada plataforma de IA tenga que desarrollar integraciones completamente diferentes para cada red de pagos.
Mastercard, por ejemplo, ya plantea que únicamente los agentes registrados puedan realizar determinadas operaciones dentro de su infraestructura y utiliza tokens de red para hacerlos trazables. Visa, por su parte, tiene programas en los que bancos y socios pueden probar pagos iniciados por agentes utilizando tarjetas y comercios reales, verificando procesos como tokenización, autenticación y autorización. El comercio agéntico, por tanto, ha dejado de ser únicamente una hipótesis tecnológica.
Europa ya ha demostrado incluso que una transacción de este tipo puede funcionar en producción. Mastercard, ING y Worldline completaron este año una operación agéntica end-to-end en la que un agente identificó unas entradas para un concierto dentro del presupuesto establecido por un usuario y la operación se completó después de recibir su aprobación explícita. La infraestructura bancaria tradicional continuó realizando la autenticación y autorización del pago.
El verdadero cambio llegará cuando no tengamos que aprobar cada compra
La primera generación de comercio agéntico probablemente mantendrá al humano dentro del proceso: el agente busca, compara y recomienda, pero antes de pagar pregunta “¿confirmas la compra?”. El cambio mucho mayor llegará cuando podamos concederle mandatos económicos previamente definidos.
Podríamos decir: “Compra automáticamente mis vuelos si encuentras business por debajo de 2.000 euros”; “repón estos productos cuando queden pocos”; “renueva mis seguros únicamente si el precio no sube más del 5 %”; o “compra estas acciones si alcanzan determinado precio”. A partir de ahí, el agente dejará de ser únicamente un asistente de compras para convertirse en un actor económico delegado.
India ya está trabajando precisamente en esta dirección. Su autoridad de pagos está desarrollando un registro destinado a verificar y monitorizar agentes que operen sobre UPI, comenzando previsiblemente por pequeñas compras frecuentes que podrían realizarse sin que el usuario tuviera que autorizar individualmente cada transacción. Posteriormente podrían incorporarse instrucciones condicionales más complejas.
El comercio agéntico podría mover entre 3 y 5 billones de dólares en 2030
La escala potencial explica por qué las grandes redes financieras se están moviendo tan pronto. La documentación presentada con la iniciativa KYA cita estimaciones según las cuales los agentes de IA podrían llegar a orquestar entre 3 y 5 billones de dólares de comercio mundial de consumidores en 2030.
Si esa previsión se aproxima a la realidad, cambiará también la forma en la que las empresas venden. Hoy una marca diseña su web, publicidad, posicionamiento y experiencia de compra pensando principalmente en convencer a una persona. En el comercio agéntico tendrá que convencer también a máquinas que compararán miles de variables en segundos.
Un agente no necesariamente reaccionará ante una fotografía atractiva, un banner o una campaña emocional. Puede comparar precio, disponibilidad, reputación, políticas de devolución, tiempos de entrega, sostenibilidad, características técnicas y preferencias históricas del usuario antes de elegir. Eso puede transformar e-commerce, buscadores, publicidad digital, marketplaces y estrategias de posicionamiento.
Incluso puede surgir una nueva disciplina empresarial: optimizar una compañía para ser elegida por agentes de IA. Del mismo modo que durante décadas las empresas han trabajado el SEO para aparecer ante Google y ahora desarrollan GEO para aparecer correctamente en motores generativos, el siguiente territorio puede consistir en estructurar productos, precios, disponibilidad, reputación y datos comerciales para que los agentes puedan descubrirlos, evaluarlos y contratarlos automáticamente.
Aparece una pregunta enorme: ¿quién responde cuando la IA se equivoca?
El gran problema todavía no está completamente resuelto. Si un agente compra un vuelo equivocado, realiza una operación dos veces, supera un límite, interpreta incorrectamente una instrucción o es manipulado por información externa, ¿quién asume la responsabilidad económica?
¿El usuario que delegó? ¿La empresa que desarrolló el agente? ¿La plataforma que lo ejecuta? ¿El banco? ¿La red de tarjetas? ¿El comercio que aceptó la transacción?
Precisamente por eso KYA necesitará algo más que identidad. El sistema deberá conservar información sobre consentimiento, mandato, límites, autenticación, trazabilidad y revocación. India está llegando a la misma conclusión: su futuro registro podrá identificar agentes, pero la responsabilidad por operaciones incorrectas o no autorizadas necesitará todavía respuestas regulatorias.
La colaboración de Visa, Mastercard y Ant International se desarrollará también a través de BuildFin.ai, una plataforma impulsada por la Monetary Authority of Singapore que reúne entidades financieras, tecnológicas e investigadores para desarrollar sistemas responsables de IA financiera. El trabajo se apoyará en el marco Safeguards for Agentic Finance at Runtime (SAFR) y abordará precisamente verificación, responsabilidad y gestión de riesgos.
Del KYC al KYA: Internet incorpora una nueva identidad
Durante décadas, el sistema financiero ha perfeccionado el principio Know Your Customer: saber quién es la persona que abre una cuenta o mueve dinero. La llegada de los agentes obliga ahora a añadir Know Your Agent: saber qué máquina está actuando, quién está detrás de ella, qué puede hacer, qué autorización tiene y si sigue comportándose dentro de los límites establecidos.
Puede parecer una cuestión técnica, pero en realidad es una señal de que estamos entrando en una nueva etapa económica. Primero utilizamos Internet para buscar productos. Después llegaron los marketplaces y las aplicaciones que facilitaron comprarlos. Ahora estamos construyendo sistemas capaces de buscar, comparar, decidir y pagar por nosotros.
La gran batalla del comercio digital puede dejar de ser únicamente quién consigue atraer al consumidor. Puede convertirse también en quién consigue ser elegido por el agente que representa al consumidor.
Y para que eso ocurra, antes de permitir que una inteligencia artificial tenga acceso a nuestro dinero, el sistema financiero necesita saber exactamente quién es esa inteligencia artificial. Visa, Mastercard y Ant International acaban de empezar a construir su “DNI”.
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