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Del SEO y el GEO al ACO (Agent Commerce Optimization): cómo conseguir que una inteligencia artificial compre tu producto y no el de tu competencia

Del SEO y el GEO al ACO (Agent Commerce Optimization): cómo conseguir que una inteligencia artificial compre tu producto y no el de tu competencia

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Durante más de veinte años las empresas han competido por aparecer en Google. Primero aprendieron SEO: estructurar páginas, contenidos y autoridad para que un buscador entendiera quiénes eran y las situara delante del consumidor. Después llegó la inteligencia artificial generativa y apareció una nueva batalla, el GEO —Generative Engine Optimization—: ya no bastaba con aparecer en una lista de resultados; había que conseguir que ChatGPT, Gemini, Claude, Perplexity y otros motores entendieran correctamente una empresa, confiaran en ella y la incorporaran a sus respuestas y recomendaciones.

Ahora empieza una tercera etapa potencialmente mucho más profunda. La IA está dejando de limitarse a informar y recomendar para empezar a actuar. Y cuando un agente puede investigar productos, comparar alternativas, interpretar las preferencias de una persona y finalmente ejecutar una compra, aparece una nueva pregunta para cualquier empresa: ¿qué tengo que hacer para que el agente compre mi producto y no el de mi competencia?

Podemos llamar a esta nueva disciplina ACO —Agent Commerce Optimization—, la optimización de empresas, productos y servicios para que puedan ser descubiertos, comprendidos, comparados, seleccionados y adquiridos por agentes de inteligencia artificial.

Del clic a la decisión

El cambio es enorme porque modifica la unidad básica de Internet. El SEO buscaba conseguir el clic. El GEO busca conseguir la respuesta o recomendación. El ACO buscará conseguir la decisión y la transacción.

Imaginemos a un usuario que dice a su agente: “Necesito un hotel de cinco estrellas en París, cerca de Avenue Montaigne, con gimnasio, buen desayuno, habitación silenciosa y un máximo de 1.200 euros por noche. Reserva el mejor”. El usuario podría no entrar en Google, no visitar Booking, no consultar cinco webs y ni siquiera conocer previamente el hotel elegido. El agente investigará, descartará opciones, contrastará disponibilidad, precios, reputación, ubicación, condiciones de cancelación y preferencias históricas de su propietario y terminará seleccionando una.

La pregunta empresarial deja entonces de ser únicamente “¿cómo consigo que esta persona visite mi web?” y pasa a ser “¿cómo consigo que su agente me considere la mejor opción?”

Esta transición acaba de recibir una pieza de infraestructura especialmente importante. Visa, Mastercard y Ant International han anunciado Know-Your-Agent (KYA), un marco para identificar y verificar agentes de IA capaces de realizar operaciones económicas en representación de personas y empresas. La idea es crear mecanismos que permitan saber qué agente está intentando comprar, quién lo autorizó y bajo qué condiciones puede hacerlo.

Si el KYA empieza a convertirse en una especie de identidad financiera del agente, el comercio agéntico empieza también a disponer de algo que necesitaba para escalar: confianza transaccional.

El agente no compra como nosotros

Aquí está probablemente el mayor error que pueden cometer las empresas: pensar que vender a un agente será parecido a vender a una persona.

No necesariamente.

Un consumidor puede sentirse atraído por una fotografía espectacular, un influencer, una campaña emocional o un escaparate. Un agente puede analizar en segundos precio, especificaciones, disponibilidad, gastos adicionales, reputación, devoluciones, garantías, tiempos de entrega, valoraciones, compatibilidad, sostenibilidad, condiciones contractuales y preferencias históricas del usuario.

El marketing emocional no desaparecerá porque las personas continuarán construyendo deseos, aspiraciones y afinidades con las marcas. Pero entre ese deseo y la compra puede aparecer un nuevo intermediario extraordinariamente racional: el agente.

Una persona puede querer “un bolso de lujo para regalar”. Su agente podría transformar esa intención en cientos de criterios: presupuesto, estilo preferido del destinatario, marcas que ya posee, colores habituales, dimensiones, disponibilidad inmediata, posibilidad de devolución, autenticidad, servicio postventa y valor residual. Después podría comparar decenas de alternativas antes de recomendar tres o comprar directamente una si dispone de autorización.

La marca seguirá necesitando seducir a la persona. Pero también necesitará ser legible, verificable y elegible para la máquina.

El producto tendrá que hablar el idioma de los agentes

En ese escenario, disponer de una magnífica web visual pero de datos comerciales pobres puede convertirse en una desventaja. Los agentes necesitan información estructurada y actualizada que puedan interpretar con facilidad: qué es exactamente el producto, cuánto cuesta, si existe stock, dónde puede entregarse, qué variantes hay, cuáles son las condiciones de devolución, qué garantías incluye, quién lo fabrica y qué elementos permiten comprobar que la información es fiable.

La machine readability dejará de ser únicamente una cuestión técnica relacionada con buscadores. Puede convertirse directamente en una cuestión de ventas.

Una compañía preparada para el comercio agéntico necesitará que catálogo, inventario, precios, disponibilidad, características, condiciones comerciales y reputación sean comprensibles para máquinas y, cuando sea posible, accesibles mediante APIs, feeds estructurados, datos semánticos o protocolos capaces de interactuar con agentes.

El objetivo será reducir la incertidumbre. Cuantas más preguntas tenga que resolver el agente mediante inferencias, mayor será la posibilidad de que elija una alternativa que pueda evaluar con mayor certeza.

La confianza puede convertirse en una variable de ranking

Pero tener buenos datos no bastará. Los agentes tendrán que decidir en qué empresas pueden confiar.

Aquí confluyen GEO y ACO. Una compañía con identidad digital confusa, información contradictoria, mala reputación, políticas comerciales ambiguas o escasas señales externas de autoridad puede resultar más difícil de recomendar y todavía más difícil de seleccionar automáticamente para una transacción.

Podemos imaginar que los futuros agentes desarrollarán una especie de Merchant Trust Score dinámico, aunque no necesariamente visible para el usuario. Podrían considerar reputación, autenticidad, incidencias, devoluciones, cumplimiento de entregas, estabilidad de precios, seguridad de pagos, transparencia contractual, opiniones verificadas y coherencia entre la información publicada por la empresa y la existente en fuentes externas.

Eso introduce una idea empresarial muy poderosa: la reputación digital puede convertirse en infraestructura transaccional.

Ya no servirá únicamente para convencer a una persona. Puede influir directamente en la decisión matemática de una máquina.

El precio dejará de estar solo

El comercio agéntico tampoco significa necesariamente que siempre gane el producto más barato. El agente intentará maximizar la función de utilidad definida por el usuario.

Para una persona puede ser precio. Para otra, rapidez. Para otra, sostenibilidad. Para otra, lujo. Para otra, servicio. Y para otra, la combinación de veinte factores.

Una persona que viaje constantemente podría permitir que su agente pagara un 15 % más por hoteles con cancelación flexible, gimnasio abierto 24 horas y late checkout. Otro consumidor podría priorizar exclusivamente precio. Un comprador corporativo podría ordenar al agente seleccionar proveedores según coste total, solvencia, cumplimiento ESG, disponibilidad y riesgo contractual.

El futuro del pricing podría ser, por tanto, mucho más sofisticado. Las empresas tendrán que entender qué atributos hacen que su oferta gane dentro de diferentes funciones de decisión.

Esto es ACO.

De las personas compradoras a los agentes compradores

También cambiará el concepto tradicional de buyer persona. Durante décadas hemos creado perfiles como “mujer de 45 años, profesional, renta alta, vive en Madrid, interesada en bienestar”. En el comercio agéntico tendremos que comprender además cómo decide el agente que representa a esa persona.

Podríamos hablar de Agent Buyer Profiles.

Un mismo producto puede ser evaluado de forma distinta dependiendo del modelo, herramientas, fuentes, reglas y preferencias almacenadas por el agente. Esto abre un territorio completamente nuevo para marketing, distribución y analítica: entender no solo al consumidor final, sino también los sistemas que median sus decisiones.

Y aquí existe una enorme diferencia respecto al SEO. Google era fundamentalmente un intermediario dominante. En el ecosistema agéntico podrían coexistir agentes de OpenAI, Google, Meta, Amazon, Apple, bancos, retailers y empresas especializadas. Cada uno podría utilizar diferentes señales, fuentes y mecanismos de decisión.

Las compañías tendrán que ser agent-ready.

Del SEO al GEO y del GEO al ACO

Las tres disciplinas no se sustituyen. Se acumulan.

SEO: conseguir que el buscador encuentre tu empresa.

GEO: conseguir que la inteligencia artificial entienda tu empresa y la recomiende.

ACO: conseguir que el agente pueda evaluar tu empresa, seleccionarla y completar una transacción.

La secuencia empresarial podría resumirse así:

Descubrimiento → comprensión → confianza → comparación → selección → transacción.

SEO dominó principalmente la primera fase. GEO está conquistando comprensión, confianza y recomendación. ACO extenderá esa optimización hasta la selección y la compra.

Qué debería empezar a hacer una empresa

Prepararse para ACO no significa esperar a que millones de agentes estén comprando. Muchas de las bases necesarias ya son buenas prácticas empresariales.

Una compañía debería comenzar por construir una identidad digital inequívoca, asegurándose de que motores y agentes entienden exactamente quién es, qué vende, en qué mercados opera y qué relación existe entre marca, productos, directivos y organizaciones relacionadas. Después debe convertir su catálogo en información estructurada, completa y actualizada; garantizar que precios, stock y condiciones sean accesibles; desarrollar APIs y feeds cuando el negocio lo permita; reforzar señales externas de autoridad; eliminar contradicciones entre diferentes fuentes; mejorar reputación verificable y preparar sistemas capaces de recibir tráfico y solicitudes procedentes no únicamente de humanos, sino también de agentes.

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Y deberá añadir una capa adicional: Agent Transaction Readiness. ¿Puede un agente consultar disponibilidad? ¿Puede obtener un precio fiable? ¿Puede comprender todas las condiciones? ¿Puede identificarse? ¿Puede completar una operación? ¿Puede cancelarla? ¿Existe trazabilidad de lo ocurrido?

Las empresas que respondan negativamente a estas preguntas pueden descubrir dentro de pocos años que tienen excelentes productos que los agentes simplemente no saben comprar.

Puede aparecer un nuevo embudo de ventas

El tradicional funnel de marketing también puede transformarse.

Hoy pensamos en Awareness → Consideration → Conversion → Loyalty. En un entorno agéntico podría aparecer algo diferente:

Intent → Agent Discovery → Machine Evaluation → Trust Verification → Selection → Authorization → Transaction.

Gran parte del proceso puede ocurrir sin que el consumidor vea siquiera las empresas descartadas.

Eso tiene consecuencias enormes para publicidad. Si un agente evalúa cien hoteles y presenta únicamente tres, 97 marcas habrán perdido la oportunidad antes de llegar a los ojos del consumidor.

El nuevo “primer puesto de Google” puede ser entrar en el shortlist interno de una inteligencia artificial.

El lujo también tendrá que conquistar a las máquinas

Incluso el lujo, aparentemente el sector más emocional, puede verse afectado. Un agente no sustituirá el deseo de conducir un Ferrari, alojarse en Aman o comprar un Cartier. La construcción simbólica de la marca continuará siendo humana.

Pero puede intervenir en todo lo que ocurre después del deseo.

“Encuentra el mejor hotel de lujo de Kioto para nuestras fechas.” “Consígueme este reloj nuevo o certificado en perfecto estado.” “Organiza cuatro días en París con los mejores restaurantes y experiencias privadas.” “Busca un bolso de esta colección disponible para entrega antes del viernes.”

El agente decidirá qué establecimientos consultar, qué distribuidores considera fiables, qué ofertas descarta y cuáles presenta.

En el lujo, por tanto, la exclusividad humana tendrá que convivir con la legibilidad algorítmica.

Del posicionamiento en buscadores al posicionamiento en decisiones

Durante dos décadas, las empresas invirtieron miles de millones para aparecer delante de nosotros cuando buscábamos algo. Ahora están aprendiendo a aparecer dentro de las respuestas generadas por IA. El siguiente paso puede ser todavía más importante: aparecer dentro de sus decisiones.

Visa, Mastercard y Ant International están empezando a construir la infraestructura que permitirá identificar a los agentes cuando gasten dinero. OpenAI, Google, Meta y otros están construyendo los agentes. Los bancos y sistemas de pagos están aprendiendo a autorizarlos. Los comercios tendrán que aprender a venderles.

Por eso ACO puede acabar convirtiéndose en una disciplina empresarial propia.

El SEO preguntaba: ¿cómo consigo que Google me encuentre?

El GEO pregunta: ¿cómo consigo que la IA me conozca, confíe en mí y me recomiende?

El ACO añadirá la pregunta que afecta directamente a la cuenta de resultados:

¿cómo consigo que una inteligencia artificial me elija y compre mi producto en lugar del de mi competencia?

Quien empiece a responderla antes de que el comercio agéntico sea masivo puede estar construyendo hoy una ventaja competitiva para la próxima Internet.


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